obrero, masa sucia y rota
con los sobacos mojados
y las espaldas vencidas:
hay en tus ojos dolor de músculo vendido;
y de sombras en jolgorio
gustándose tu piel,
(como cosa burlada siempre).
En la savia correntona del taller
y de la máquina,
van unidos muchos inviernos
de los hombres que se ahogan en la fábrica.
Y nadie cree en tu fuerza:
martillo y cincel del mundo;
y hace falta que lo digas,
ante el asombro de todos,
y tu piel ennegrecida por el carbón de caldera,
(hombre-carbón que tú eres)
y las sienes en invierno por el patrón millonario,
y todo tu “yo” en un soplo,
largarse sobre la tierra
golpeando en duro la frente
para poner una estrella en alto.
Obrero,
porque me pica el sabor de ese sudor:
(martirio de látigo nuevo);
obrero,
con tu sueño trunco en la mirada,
y mano rota entre los dedos;
obrero, riel cansado
de la línea sin destino,
del ferrocarril-patrono,
haz hablar a tu “yo”
para levantar conciencias
y con el martillo mojado en ese sudar de pueblo,
y con la frente en el viento,
(que me trae sabores de luz nueva)
quebrar la fuerza de siglos
con tu dolor proletario.
Unos hombres de levita y cuello duro
con las manos de marica
y los sueños de opresión,
quieren hacer de ti
(mano-mole que fabrica)
fuego fácil en calderas
mente eunuca en el andar;
y otros que conocieron de tu asombro
y de tu llanto,
(¡canto malo por la sal!)
ahora forman cruel comparsa
(mano a mano al mayoral)
con las espaldas negadas a la verdad proletaria.
¡Y hace falta que lo digas,
pese al asombro de todos,
de los hombres con levita
y de los que ya te negaron!
Porque eres la vena rota y la realidad más amarga.
¡Y hace falta que lo riegues
ante el murmullo de todos,
de los hombres en oscuro
y del patrón-mayoral!
Porque eres el tuétano puro y abierto de este hueso en opresión.
Para que quiebres en sol
el bochorno de esta noche,
para que siembres en sangre
la simiente del futuro,
para que golpees duro
sobre la faz del patrón,
para que sientan los hombres
la cintura de un taller,
que no quiere ser carbón
en la burguesa caldera;
y que se ha lanzado al rostro
de la injusticia social
como una mano de hierro,
que tiene en sí la miseria del solar.
¡Hace falta que lo grites,
tuétano puro y abierto de este hueso en opresión!
Ante el asombro de todos
y el murmullo de los malos,
¡hace falta que lo digas,
carbón-hombre encadenado!
Obrero, mano más firme en la brega
martillo y cincel del mundo:
aquí estoy en impaciente
espera, hecha de asombro
a que libertes las espaldas dobladas sobre el taller
y así poder beber toda la savia vengada
sobre tu mano callosa.
Obrero, garganta ronca que no ha gritado,
párate en la pose más vertical y larga.
(reto de fusil en hombro):
porque tú eres la vena rota y la realidad más amarga.
¡Y hace falta que te oigan,
(voz-escombro de hombre en pie)
los maricas de sortija
y los patronos del club!
Y con el hierro sangrante
de la bala más hermosa
(justicia hecha metal
por el cincel de los bravos),
dejar caer por la tierra tu reguero de cadenas
que te pierden en la fábrica
(que te ríen en Europa)
mientras los huesos sin ropa
de tu hijo proletario
se ajustan con mano esclava
el dogal del patrón.
¡Y no puedes seguir en mudo
garganta que aún no ha dicho!
Obrero, sudor picante y mano abierta,
párate en la pose más decidida y alta
(metal-justicia entre dedos)
porque tú eres el tuétano puro
y la realidad más amarga.

 

Luis Saíz

Mayo 25 de 1957