Cuando rompa los relojes mudos y sinceros
que señalan rutas cruentas al decir
y llenan de otros cantos la palabra,
ajenos al amar y a ti,
pensaré en los tiempos nuevos,
cuando pueda llamarte “amada” sin dolor amargo
y me sepa la voz sin sombras para ser.
Mas te encuentro clavada como una sonrisa,
en el marco de aquellos besos muertos,
puente invisible para los dos imposibles,
entre el decir presente de este tiempo sin risa,
y el obrar con justo clamor de conciencia,
estás tú:
inexplicable presencia de una fuga.

 

Luis Saíz

Julio 25 de 1957