¡ábrete en ti! mira hacia adentro,
ve el vacío de tu existencia
busca en lo hondo
de tu mirada sin luz,
y ve el horror de una mesa con hambre,
y la tristeza de unos ojos que piden un poco de amor.
¡líbrate de tus aliados,
los ricos, los expoliadores,
los vendedores de hambre
envuelta en injusticia,
de los que fabrican ilusiones
con pocos de carne
de esclavo nuevo.
líbrate tú misma
de este yugo que te han puesto,
del maldecir solemne
de unos huesos con hambre,
de la mirada furiosa
de unas órbitas sin ojos.
lleva fuera de ti,
a tu aliada la muerte,
resultante única de tu existencia,
deja entrar un poco de felicidad
en el cuerpo de hambre
de un pobre cansado.
te hablo mujer,
toco a tus puertas
llevo mi voz al fondo vacío de tu ser,
te imploro por ellos, por los buenos,
por los de abajo,
por los que de verdad son mis hermanos.
te hablo a ti que has sentido el sabor
de una mirada de odio,
que la has llevado clavada
en tu sino.
líbrate de tus cadenas,
déjate dormir un poco
sufre un día,
lo que has hecho sufrir
toda una vida.
¡perdónales!
perdona a las mujeres,
a las que en su vientre llevan
otro súbdito de tu reino oscuro,
recuerda que tú eres hembra,
hembra estéril, hembra en fin.
no te lleves por el odio
a esas ojeras con carne que es la mujer de abajo,
siéntete madre en cada madre que salves.
ya sé que tu sed sacias
en el cuerpo sin cuerpo
de estos pobres seres,
que es tu supremo orgasmo
un poco de madera
hecho refugio eterno.
pero perdónalos por hoy,
duérmete un poco,
sufre tú misma un tanto,
y déjalos vivir.
ellos que no saben de la vida,
más que el lado oscuro,
que seres que llevan el nombre de hombres
les dejan ver,
ellos que todo lo dan todo,
que de su vientre salen
los hombres genios,
los dioses, los pastores,
ellos merecen un poco
de tu olvido
un poco de tu sueño
un poco de tu amor.
suéltalos un día
abandona tu triste oficio,
rebélate contra este dios malo,
que olvida a sus hijos
y lanza al rubor de los cielos
un grito de redención.
¡perdónalos!

Sergio Saíz

5 de junio de 1957.