que hiciste buscar muy hondo
un corazón que sintiera el dolor
de una virgen desgarrada
en una noche muy triste.
¡maldito seas! tú que has lanzado
a la negrura eterna del suelo
a los hijos de esta adolescente eterna,
de esta madre de ojos secos,
de esta mujer dolida
que empañaste en un asalto callado.
tú que has llenado su pecho
de manchas oscuras.
que has hecho de su cuerpo blanco
un osario de bocas abiertas.
tú que en furia brutal has violado
el frágil cuerpo de mi amada,
y haces brotar lo rojo
en ese tu sucio morder.
tú que en cada gota de vida
que de su seno sale,
(en esa posesión de bestia hambrienta
con que la hieres)
haces volar un alma que grita a los espacios
el dolor de algo blanco
que se ve rojo por tu culpa, malvado.
¡maldito seas! tú que has lanzado cieno
sobre la frente nube
de la mujer que amo.
tú que has hecho llorar su cintura
en lágrimas verdes, de palma doblada.
tú que gozas metiendo garras
en el sexo avergonzado de mi amada
y le arrancas con uñas negras
toda la dicha de un fruto que espera.
¡madito seas! tú que has puesto a mi virgen
a venderse en feria a los amos yanquis,
que has hecho sentir en vulva
verde, de aroma de tabaco siervo, el dolor de una mano
extraña que compra su carne.
tú que la exhibes al mundo,
(¡a ella!, ¡a mi amada!)
como meretriz sucia, ávida
de placeres exóticos.
¡maldito seas! ¡te aborrezco!
lleno este corazón dolido
de odio sangre y temor y
pido a la sombra de los siglos
que sobre la frente de tu semilla
caiga la indignación de una virgen
violada en plomo
que sientas en lo adentro de tus huesos
el mudo dolor de mi venganza.
que sobre tu seno malo
caiga el ardor de una lágrima seca.
yo te maldigo con todo mi ser,
escupo a tu faz oscura
y lanzo a los cielos el fondo de mi odio
grabando en tu cuerpo este estigma mío:
¡maldito seas!

Sergio Saíz

7 junio 1957