cómo donde el estómago parasitado
es cosa de rutina,
se ve la aureola de una nube muy clara.
enseñarte, cómo donde el whisky
es rey,
donde la música se escucha sentada,
con aros a horcajadas sobre la nariz,
los músculos se tiñen de oscuro
a pesar de los muslos ser blancos.
clavar en lo allá de tu mirada,
lo mucho que duele
un diente ocioso,
un lock-out de mandíbulas,
un paro forzoso de vísceras hambrientas
por culpa de alguien
que habla en extranjero.
grabar en cincel,
con pericia de muerto que esculpe
su tumba,
la tristeza tan amplia
de una cruz de madera
afincada en tierra,
de un cementerio gordo
y un bacilo de koch,
porque hombres que viven
limitados en cemento,
engullen en tiendas
la vida de seres
que nacen de gente de pubis cansado.
hacerte comprender,
sobre las cosas del mundo,
sobre el porqué de las noches sin sol,
de la sonrisa
compañera de viaje del cigarrillo turco,
el porqué los ojos tristes
tienen callosas las manos.
son tantas las cosas que te quiero enseñar,
son tantos los dolores
de una vida que nace pensando
en colores verdes
que prefiero callar,
y llevarte dormida
sobre las alas de un murmullo,
para que veas con las cuencas en amplio
el porqué de lo turbio,
el porqué de lo claro.

                                                           

 

Sergio Saíz

24 de julio