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MISIVAS DE FE


Cuantas veces cuando en la soledad de las trincheras todo lleno de barro, de sudor, de sangre y de cansancio había pensado en aquel hogar, en aquel pueblo querido que los deseos malsanos de los hombres me habían obligado a abandonar, y ahora, regresaba, regresaba. Sí, y no ansiaba sólo volver por salir de aquel infierno monstruoso que los hombres han creado, y regresar a mi tierra, al campo, para cuidar con amor esos terrenos que sin mi mano estaban baldíos, para sacudir el polvo del arado, tirar el rifle y comenzar otra vez la vida, como si todo aquello de la guerra hubiera sido sólo un sueño, un sueño trágico, pasado ya.
También ansiaba volver para ver a Jane, la amiga de siempre, de la que día a día llegaban a mí, por sus cartas, consuelo, esperanza, fé en un futuro; eran sus cartas pequeños periódicos donde me informaba todo lo que pasaba en el pueblo, amistosamente, como una amiga de amigas y si ansiaba que se acabara la guerra para volver al hogar, no menos lo deseaba para ver a Jane, para que todo lo que habíamos hablado por cartas, nos lo dijéramos en persona, para que definiéramos nuestro futuro, futuro que ansiaba pasar junto a ella.
Al fin llegué al pueblo, durante todo el trayecto el tren no se había cansado de repetir monótonamente;... Jane:. Jane.. Jane.. ahora el tren entraba estrepitosamente en la estación, llena de vecinos que nos esperaban, a mí y a todos los demás, que habíamos partido, no a todos porque algunos no regresarían jamás, se habían quedado allá en el campo de batalla, habían ido a formar parte del polvo de aquellos campos ensangrentados...
Entre el tumulto de aquellos seres que gritaban como locos, vi a mis padres, sus cabezas blancas de canas, sus sonrisas y también sus lágrimas de alegría; me extrañó no hallar allí a Jane, pensé que estuviera entre la multitud... había tanta gente en la estación... El tren se detuvo y uno a uno fuimos descendiendo, para ir a parar a los brazos de los familiares y amigos que nos esperaban, confundiéndome entre risas y lágrimas, entre abrazos y besos.
Después que varios ciudadanos y el alcalde hablaron dándonos la bienvenida, nos fuimos para el campo.
Mis padres se deshacían en mimos,- era el hijo que había vuelto de la guerra, de luchar por la libertad y la paz lloraban de gozo pensando que a ellos Dios y la Suerte los favorecía ya que su hijo había vuelto, mientras que muchos padres no verían regresar jamás a sus hijos idos.
No fue hasta aquella noche cuando estábamos todos sentados en el portal que hablamos de Jane; no sé si papá ingenuamente lo dijo, se que él como si fuera una cosa que yo ya supiera me dijo que Jane se había casado con Roberto,- el hijo del Alcalde- que por cierta imperfección no había ido a la guerra, y que ahora estaban de luna de miel. Aunque traté de aparentar que ya sabía eso no pude menos que sentirme deprimido, deprimido hondamente, pensando acaso cual sería la razón de mi vida ahora, antes, allá en el campo de batalla, me cuidaba la vida para regresar, regresar al hogar de mis padres y formar otro, ese regreso había sido la razón de mi vida, y ahora... ahora todo se derrumbaba, estaba desorientado porque lo que había sido mi meta, otro me la había quitado.
No se si debo perdonarle a Jane, esa hipocresía para conmigo durante tanto tiempo, ahora comprendo que ella consideraba esas cartas como una contribución a la guerra, un modo de mantener el ánimo mío, que sin sus misivas de fé no hubiera sobrevivido, y ahora también comprendo porque en las últimas semanas no tuve cartas de ella, ahora sé porque era, ¡se había cumplido su misión!; una misión de esperanza y de consuelo, que tanto me había reconfortado allá en los terribles campos de batalla.
Comprendo que mi existencia no podrá ser la misma, comprendo muy bien que todo no será como yo esperaba, que el Destino, que me había mantenido vivo, me deparaba grandes desengaños... hasta creo que no debía haber regresado, porque si todavía estoy vivo, porque si ni las balas, ni las bombas troncharon mi existencia... una pequeña noticia, unas cuantas palabras, habían matado en mi regreso, todas las esperanzas, toda la felicidad...

Luis Saíz

Enlaces de Interés

  • Asociación Hermanos Saiz  
  • Visita el  Museo Hnos Saiz en PInar del Rio 



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