Luis Saíz
Te escribo y no sabes ni sabrás nunca, quien soy. Poco importa.
Yo necesitaba escribirle a alguien antes de partir en este eterno viaje que se me avecina. Te escojo a tí, casi al azar...
¡o no!, te escribo a ti porque un día lejano ya, te quise en silencio; y el amor en silencio que no pide ni exige nada, es acaso el mejor. Me voy de viaje, a un viaje sin retorno, cansado y hastiado del cotidiano vivir, aburrido y sumido en el tedio terrible que da el amar con exceso. ¿Raro? ...no.. yo parto porque amo la vida, las flores, el sol, el lejano mar y... ¡aquellos ojos verdes!, inmensos, en cuyos reflejos me he visto tantas veces, y cuyo sabor a mar inundó esta vida triste, que solo sabe amar...
No fue culpa de ella, pero tampoco mía... bien sabe Dios que mi mayor alegría era tenerla muy cerca, sentir sus labios quemar los míos, y sus manos eran brazaletes de vida... Y también lo sabe ella... sin embargo... es mejor que yo calle y olvide para siempre, al perderme en las brumas inciertas de la muerte...
Usted señorita desconocida que lee esta carta de un hombre sin fe si algún día se cruza con ella en la calle (la conocerá por sus ojos verdes tan verdes como el mar y la vida joven) dígale que siempre la quise y que muero por ella.
¡Adiós!, pues ya parto... guarde esta carta en algún lugar oscuro y triste, tan oscuro y triste como mi vida... sin fe.
Esta carta sin fecha fue encontrada en los cuadernos de notas de Luís Rodolfo Saíz Montes de Oca.
Debajo de ella aparecen los siguientes versos:
"Tú ya eres de otro... y sin embargo,
no por eso deja mi amor de recordar
aquellos ojos verdes que besé con exceso
y que han quedado prendidos en mi ser"...
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