¡No sé qué pena vibra en mi alma!
¡No sé por qué mi díscolo corazón
llorando siempre está!
Quisiera que Dios,
el gran Dios,
en que yo confío,
me explique la razón
de este hondo penar mío.
Sé perfectamente,
que no son amores de
mujeres imposibles,
de bocas anheladas,
ni de cuerpos deseados,
los dolores.
Y aunque explicarme trate
el porqué de mi pena,
siempre como un lunar,
de tinieblas y de miedo,
surge en mi alma,
la dura inconformidad de mi existir.