Salí en loca carrera de besos;
buscando caricias para olvidarte...
Y fue inútil el intento... ¡inútil del todo!;
la vida nos obliga con este extraño amor...
Te siento ya en mis carnes,
y te siento en el viento...
Te busco en las estrellas más distantes de todas;
¡en cada ola perdida que rompe la playa!
Porque te quiero hondo, ¡demasiado hondo...!
me alejé silencioso para no volver;
pero anoche tus ojos, tus labios... ¡tú...!
removieron cenizas...encendieron la fe.


                    

Luis Saíz

Diciembre de 1956