Yo soy como tú...¡somos iguales!
la voz recién se me siente grave
y la hombría plena
la barba escasa y el ansia llena
de vivir,
también laten en mí...
Pero yo necesito que te detengas,
hermano en el tiempo:
la vida... ¿sabes...? es algo más que esa fiesta eterna
que la burla fácil,
que la risa franca,
que despreocupación de adolescencia;
por eso yo te pido que hagamos juntos
una excursión que sepa a realidad...
Quiero llevarte por los trillos de sol
hacerte sentir el dolor de tabaco
y la pena oculta que duerme
callada, ¡en espera!
tras la puerta sucia de cada bohío;
quiero, hermano en el tiempo, 

saberte entre dientes el dolor humilde
de tanto obrero muerto;
que veas niños llorando portales,
ancianos de mano extendida
(nieve en súplica de verano),
y que sepas la historia
de los que no tienen padres,
ni risa,
ni Reyes Magos,
ni hogar,
ni escuela,
ni saben la canción de vitrola
o el artista de éxito...
Los que no tienen la mesa servida,
ni cama tendida
tan sólo un portal que llora
perdido en la brisa...
Ansío llevarte en ese recorrido de sombras,
tan ajeno al disco, al club y la moda.
¡Ven para que hagamos este viaje con sabor a realidad!
Hermano en el tiempo
ya es hora que comprendas...
Hermano en el tiempo,
encuentra tu senda,
olvida los ritmos exóticos,
los finos perfumes
y el baile de moda.
Elévate desde la misma parte en que te unes
a la tierra más cerca de esperanza,
y dilo con fuerza de entraña viva:
¡Ya no soy ajeno en ideal!
¡Ya encontré la única senda!

Luis Saíz
Diciembre de 1956