Manos honradas que rompen la tierra
con el canto seco de su esclavitud moderna,
humo hediondo que amarga la caña,
viajera perenne tras el banco rubio.
Dolor de libro, bohío y taller
rompiéndose sobre estas costas sabrosas,
de aire bueno y mar azul...
de gente franca y labios amantes de risa.
¡Cuba! verde caimán de tristeza,
enseña sus llagas al sol avergonzado;
y un lamento de savia desvirgada
recorre los trillos campesinos, manchados de botas;
y un gusto de sobacos calientes
se pierde en la tarde de taller;
y unos jóvenes cansados de tanta falsedad,
sienten su sangre trocarse en furia.
La noche más negra cayó sobre mi isla
como un manto de cadenas malditas.
Pero el rumor que llega de la calle,
antes tan ajena y sola, no miente:
¡Cuba!, perdida patria de caña amarga
tabaco canela, hembra en molienda y son zandunguero,
espera con fe romperse una aurora
de taller,
de bohío,
de libro:
fruto necesario en este presente horro!

Luis Saíz

Enero de 1957